miércoles, 12 de noviembre de 2025

EL PASTOR DEL BELÉN. GUILLERMO


    Como para todos los niños, octubre traía los primeros exámenes del nuevo curso escolar, pero también el primer puente del nuevo curso y al final del mes, la Noche de Halloween: con sus calabazas, sus brujes y esqueletos; pero todo aquello a Guillermo no le hacía mucha gracia. 

    Guillermo, en estos primeros días del otoño, prefería el sabor de los buñuelos, que la abuela preparaba, todos los años, cuando, por esas fechas, regresaba, junto a sus padres, al pueblo; el dulzón sabor de las castañas cocidas con anises en la vieja cocina del pueblo, o asadas, calbotes, los llamaba la abuela; asadas al calor del hogar en aquellas eternas noches de noviembre, cuando cambiaban la hora, el último domingo de octubre, poco antes del regreso familiar para poner sobre la tumba del abuelo un ramo de flores

    Guillermo sabía que llegaba la hora de volver al pueblo, cuando los árboles de la calle, donde vivia, comenzaban a amarillear; cuando en la frutería del barrio llegaban las primeras granadas, que su madre siempre compraba para llevar a la abuela, que le gustaban mucho y que se quejaba, cuando llegaban con ellas al pueblo; que los vendedores, que iban al pueblo nunca llevaban.

    Y cuando llegaban las granadas, Guillermo sabía que había llegado la hora de pasear por aquella calle, por la que solo paseaba en esta época del año, al salir del colegio. Y lo hacía para pararse ante un escaparate, que había descubierto hace dos o tres años, junto a su madre. Escaparate que para Guillermo anunciaba la proximidad de una nueva Navidad.

Autor.- Víctor Hernández Mayoral.
Imagen.- Creada por Inteligencia Artificial.

 

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